En todo ser humano se halla lo real y lo adquirido; lo esencial y lo aparente.
La busqueda del bienestar exterior hay que asociarla y complementarla
con la del bienestar interior. Si se une toda la energia al servicio de la apariencia,
La imagen y la personalidad, consumiremos nuestra vida embelesados por
los reflejos, pero de espaldas a nuestra naturaleza real o esencia.
Mediante el discernimiento correcto, hay que aprender a distinguir entre
lo accesorio y lo sustancial e ir recuperando ese yo-real, diferente del
yo-social. La rosa del conocimiento florece dentro de uno mismo.

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